Así, desde el primer decenio del siglo XX, el guía que aseguraba la seguridad de la bañista, da en su lugar al maestro nadador, que puede lograr que en veinte lecciones una jovencita que no se ha confiado aún a las alegrías del agua, pueda llegar a ser una nadadora sin miedo y sin reproche.
Cada lección de natación debía estar precedida de ejercicios de sopor que se practicaban a la orilla del mar, sobre el suelo, una silla o alargada en un banco.
Un método que se solía utilizar era el llamado “a la cuerda”, consistía en que la joven nadadora se metiera un corsé ceñido del que partía una cuerda fijada a la orilla de la playa o sobre el lado de la piscina. Al encontrarse la bañista fuera de todo peligro, podía poner en práctica las enseñanzas y lecciones del maestro nadador.
Por
Ana Alvarezhttp://www.estiloymoda.comDentro de Historia del Traje de Baño