Cuando una mujer salía a la calle se cubría, incluida la cabeza, con un manto grande y envolvente o con un mantillo, más pequeño llamado mantellina. Si llevaba sombrero lo colocaba sobre el mantillo.
Para el camino utilizaban prendas más cortas, como el capotillo o el ferreruelo de camino. El sombrero era imprescindible, llevándose con una toca debajo o con alguno de los complementos entonces en uso para tapar el rostro. El capotillo permitía a las mujeres viajar a caballo, algo que habría resultado más complicado llevando manto. Para que resultase más abrigado, el capotillo se podía forrar de piel.
Cuando Cervantes cuenta la llegada del oidor Pérez de Viedma a la venta, acompañado de su hija, dice de ella que "va vestida de camino, tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda que a todos puso en admiración su vista" el traje de camino de la bella muchacha debía de ser vistoso, rico en guarniciones y seguramente de color verde, cosas comunes, pues, entre el traje de camino de hombre y el de mujer.
El capotillo femenino presentaba grandes analogías con algunos de los capotes masculinos. Lo normal era que fuesen cortos, sueltos y con mangas tubulares pendientes de los hombros.
La otra prenda utilizada por la mujer era el ferreruelo, prenda corta que no pasaba de las rodillas, de forma circular con cuello y sobrecuello y aberturas en los delanteros para sacar los brazos.
Los sombreros femeninos de principios del siglo XVII eran de copa alta y ala estrecha. Se guarnecían con plumas, cintillos, trenzas y trencelines, colocándolos en la base de la copa.
Por
Ana Alvarezhttp://www.estiloymoda.comDentro de El quijote y la indumentaria en el siglo XVI