Suscríbete a Estilo y Moda
Por RSS | Por email

El Quijote. La indumentaria en el siglo XVI

Coincidiendo con el 400 aniversario de la primera publicación del libro comenzamos esta serie de capítulos sobre la indumentaria en El Quijote.
07
de abril de 2005
0
EL AUTOR: MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Novelista español (Alcalá de Henares, 1547- Madrid, 1616)

Es uno de los mayores valores de la literatura universal, conocido también como "el príncipe de los ingenios" y "el manco de Lepanto". Su primera composición poética fue un soneto que dedicó a la muerte de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II.

Su espíritu aventurero le llevó a entrar al servicio del cardenal Acquaviva, que había ido a Madrid con una embajada del Papa, y con él se encontraba en Roma en 1570. ingresó en seguida en el tercio del maestre de campo Miguel de Moncada. Visitó con el tercio el centro de Italia y pasó por Ferrara a Venecia después de visitar Loreto. Se cree que antes sirvió como soldado del Papa Pío V. Estuvo en Génova y en Nápoles en 1571. A pesar de estar enfermo, exigió un puesto de peligro en el combate de Lepanto y se cubrió de gloria; en la lucha recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que le quedó inútil para el resto de su vida. Intervino, además, en otros hechos de armas, y en 1575, a su regreso a España, la galera Sol en la que viajaba fue apresada por piratas berberiscos y sufrió cautividad en Argel por espacio de cinco años y medio. Fue rescatado el 19 de septiembre de 1580 por los padres trinitarios, que, con el auxilio de su familia y diversos préstamos y limosnas, pagaron por su libertad 500 escudos de oro. Se supone que durante el cautiverio compuso algunas de sus comedias y entremeses, especialmente su Batalla naval, Los tratos de Argel, La gran Turquesa y La Gran Sultana.

De nuevo en Madrid, se dedicó a la literatura respondiendo a su natural inclinación; casi simultáneamente con la publicación de La Galatea, novela pastoril concebida y empezada mucho tiempo antes, se representaron con éxito sus comedias los tratos de Argel y Numancia y La confusa (1584). Hasta 1587 siguió escribiendo para el teatro, pero éste, después de la aparición de Lope de Vega, no le daba para vivir y marchó a Sevilla. Fue comisario para el acopio de víveres destinados a la armada y flota de las Indias, y alcabalero o recaudador de contribuciones. En el ejercicio de este cargo recorrió diversos lugares de España, y sus andanzas le permitieron enfrentarse con tipos y caracteres, pueblos y paisajes, costumbres y usos, de lo cual tan maravilloso provecho había de sacar en su obra maestra. Cuestiones relacionadas con la rendición de cuentas le acarrearon por tres o cuatro veces, y como trámite burocrático obligado, la prisión. En esta época, tan dura para Cervantes, y quizá en la cárcel de Sevilla, pudo concebir El Quijote, que nació probablemente en Argel y que vio en La Mancha, su ejecución definitiva.

En 1603 pasó a Valladolid, donde estaba la corte, y logró que se aprobara su gestión de alcabalero. En 1604 fue a Toledo para formalizar la venta de algunas fincas de la madre de su mujer, y ya comienza a divulgarse el manuscrito de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que sale en 1605 de la imprenta de Juan de la Cuesta, en Madrid, y sigue y seguirá eternamente sus andanzas por el mundo; en el mismo año se hicieron seis ediciones, y la fama de Cervantes igualó a la de Lope de Vega.

En 1606 regresó de Valladolid a Madrid con su familia y concluyó su novela La española inglesa; anciano ya y achacoso, prosiguió sus tareas literarias con más ardor que nunca, sin lograr salir de una decorosa medianía rayana en la estrechez. En abril de 1609 fue recibido en la congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento y en 1613 profesó como hermano de la Orden Tercera de San Francisco. En este mismo año aparecieron las Novelas ejemplares; el Viaje de Parnaso, en 1614, y asimismo, en esta fecha salió ala luz el falso Quijote, llamado de Avellaneda, segunda parte y continuación del de Cervantes, cuyo autor, ignorado, se encubrió bajo un seudónimo. Esta obra tuvo acaso el mérito de estimular la aparición de la Segunda parte de Don Quijote (1615), impresa igualmente por Juan de la Cuesta.

El Quijote es, a la vez, un libro muy español y hondamente humano. Lo primero, porque en sus dos personajes fundamentales se encarnan las cualidades esenciales del pueblo español: el espíritu caballeresco, romántico, soñador y visionario, de una parte; y, de la otra, el sentido práctico, positivo, un tanto influido por el fatalismo. Mas no es solo esto El Quijote, sino también maravilloso retablo de una época, con su espíritu vivo, sus creencias y sus prejuicios. El Quijote posee un alto valor de humanidad, es decir, de universalidad, que lo hace grata lectura de todos los tiempos y justifica su popularidad, por ningún otro libro alcanzada. Su filosofía, lucha constante entre el idealismo (Don Quijote) y la realidad (Sancho), está al alcance de todos, sana, optimista y fecunda; el estilo es, a veces, desigual y la imaginación exuberante. En este año, 1615, se publicaron también sus comedias: los baños de Argel, La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo, El gallardo español, El laberinto de amor, La casa de los celos, El rufián dichoso, Cristóbal de Lugo y La comedia entretenida; y sus entremeses: La elección de los alcaldes de Daganzo, El rufián viudo, El juez de los divorcios, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca, El vizcaíno fingido, La guarda cuidadosa y El viejo celoso.

Aquejado de una afección cardiaca, según unos, o del mal de hidropesía, según otros, pasó por consejo de los médicos algún tiempo en Esquivias, hacia las pascuas de 1616. Allí terminó su obra postrera: Los trabajos de Persiles y Sigismunda, cuya dedicatoria al conde de Lemos, escrita poco antes de morir, comienza con los versos:

"puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte..."

Recibió los santos sacramentos, fue amortajado con el hábito de hermano terciario de la Orden de San Francisco y enterrado en el convento que las trinitarias tenían en la calle de Cantarranas.

Con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento se organizó una exposición bibliográfica cervantina notabilísima, se creó el instituto Miguel de Cervantes, de filología hispánica, y se dieron ideas para la organización de la Ruta de Don Quijote.

La personalidad literaria de Cervantes merece juicio separado en cada una de sus actividades. Si no hubiese sido más que poeta, sus mejores versos del Viaje del Parnaso y de La Galatea no habrían podido evitar que se le considerase hoy tan solo como un lírico olvidado. Si su producción se hubiese limitado a Numancia (tragedia) y a las Comedias y Entremeses, tendría un valor arqueológico destacado en relación con lo anterior, pero pobre, por falta de unidad orgánica e inexperiencia técnica, en comparación con el teatro clásico español. En cambio, dice Menéndez Pelayo, el genio de la novela había derramado sobre Cervantes todos sus dones, se había encarnado en él, y nunca se había mostrado más grande a ojos de los mortales. Pero aún hay que distinguir en él al novelista que se limita a seguir las normas tradicionales, aunque perfeccionándolas, y al novelista genial, creador de un mundo poético nuevo con El Quijote, dentro del cual se explican y se razonan las Novelas Ejemplares, que, cuando son buenas, parecen fragmentos desprendidos de la obra inmortal. Tal ocurre con Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, La gitanilla, El celoso extremeño, El licenciado Vidriera y algunas más.

El Quijote es la síntesis de toda la producción novelesca anterior, fundida de modo admirable, y aunque su autor se propuso desprestigiar a los libros de caballerías como idea inicial, supo sacar partido del magnífico filón hallado por su ingenio. Cervantes es una de las grandes figuras universales y la mayor gloria literaria de España. Desde la publicación de la primera parte en 1605 y de la segunda en 1615, el Quijote se convirtió en el referente obligado de la novela moderna. La obra resulta ser una fuente amplísima de conocimientos sobre las costumbres y hábitos de la sociedad contemporánea de Cervantes, y por ello resulta un campo de trabajo idóneo para saber cómo vestían y se comportaban los hombres y mujeres de distintos estratos sociales en aquel tiempo, es decir, en el Siglo de Oro español.

Por Ana Alvarez
http://www.estiloymoda.com
Artículos relacionados
    Comentarios
    Retrato de Cervantes
    Don Quijote y su inseparable Sancho
    Usuarios
    E-mail:
    Clave:
    Recordar este usuario
    [ Cerrar esta ventana ] 
    cargando
    Estilo y Moda
    Tu portal de moda, noticias, complementos, agenda... Descubre con nosotros las tendencias que se ponen de moda y marcan la temporada.
    Suscríbete a Estilo y Moda: