LA LANZA, EL LANZÓN Y LA ESPADA:
En su primera salida, Don Quijote toma del astillero la lanza que había sido de sus antepasados:
"se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza".
La lanza de los bisabuelos de Don Quijote sería una lanza delgada y larga, con una cazoleta en la base de la afilada punta de acero. Esta primera lanza fue fácilmente hecha pedazos por un mozo de mulas en una de sus primeras aventuras.
La lanza que llevaba Don Quijote en su segunda aventura tuvo también un pronto fin, destrozada por las aspas de un molino de viento:
"y diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en su ristre, arremetió á todo el galope de Rocinante y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo".
A partir de este incidente, Don Quijote recurrió durante un tiempo a una rama seca en la que sujetó el hierro de la lanza rota. Después, al abandonar la venta donde él y Sancho sufrieron desventuras sin cuento, se apropió de un lanzón:
"llegándose a un rincón de la venta, asió de un lanzón que allí estaba, para que le sirviera de lanza".
Este lanzón venía a ser como una lanza corta y rústica, que apenas sobrepasaba la altura del que la llevaba. Esta rusticidad explica que Cervantes lo llamase tronco:
"salió, en esto Don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón".
Este lanzón no era muy resistente, pues en la ocasión en la que arremete contra un cuadrillero se le rompió:
"y alzando el lanzón, que nunca le dejaba de las manos, le iba a descargar tal golpe sobre la cabeza, que a no desviarse el cuadrillero, se le dejara allí tendido, el lanzón se hizo pedazos en el suelo".
La espada de Don Quijote no formaba parte del conjunto de enmohecidas armas de sus bisabuelos, pues, como hidalgo que era, tenía su propia espada de la que nunca se separaba. Esta era según Cervantes, una buena espada cortadora o tajadora, de las que tenían una hoja ancha y fuerte. Así queda explícito en el combate contra el vizcaíno:
"puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos contendientes".
La empuñadura de esta espada sería la del modelo más sencillo, con pomo y dos gavilanes horizontales, curvados en sus extremos, uno hacia arriba y otro hacia abajo.
EL JUBÓN DE ARMAR Y LA ROPILLA SOBRE LAS ARMAS:
Bajo el arnés, Don Quijote llevaba el jubón de armar, como consta en la aventura de la cueva de Montesinos:
"dicho esto y acabada la ligadura de Don Quijote (que no fue sobre el arnés sino sobre el jubón de armar) dijo Don Quijote...".
el jubón de armar, que también recibía el nombre de almilla, se vestía directamente sobre la piel:
"la primera pieza que se pone es un jubón de armar o almilla, allegado a las carnes, la segunda es el arnés, y la tercera el escarpe".
En las ocasiones en que Don Quijote se quita el arnés, Cervantes nos dice que llevaba debajo un jubón de camuza igual que los greguescos. Don Quijote llevaba, pues, dos jubones, el de armar o almilla debajo, y el de camuza encima.
El jubón era un sustituto de la camisa, Don Quijote no la llevaba, pues en casa de los Duques, cuando es desarmado por unas doncellas, éstas le ofrecen una para que se la pusiera bajo su estrecho vestido de camuza:
"pidiéronle que se dejase desnudar para una camisa; pero nunca lo consintió, diciendo que la honestidad parecía tan bien en los caballeros andantes como la valentía. Con todo dijo que le diesen la camisa a Sancho; y encerrándose con él en una cuadra donde estaba un rico lecho, se desnudó y vistió la camisa".
En sus primeras aventuras Don Quijote llevaba una ropilla sobre las armas, que le fue robada en su segunda salida por los galeotes.
La costumbre de llevar una prenda corta sobre las armas era muy antigua, estas prendas recibían el nombre de ropilla, sobrevista o casaca. Cervantes llama ropilla la que lleva Don Quijote, y sobrevista o casaca a la que lucía Sansón Carrasco transformado en el caballero de los espejos:
"sobre las armas traía una sobrevista o casaca, de una tela, al parecer, de oro finísimo, sembrada por ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes espejos, que le hacían en gran manera galán y vistoso".
La forma de estas prendas cortas presentaba dos modelos diferentes, unas recibían el nombre de huca, jornea y paletoque, prendas de dos paños como los capotillos de dos haldas. Otras eran sueltas, abiertas por delante, con mangas colgantes, tubulares y aplastadas, al estilo turco.
Por
Ana Alvarezhttp://www.estiloymoda.comDentro de El quijote y la indumentaria en el siglo XVI