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Don Quijote como caballero andante II

Seguimos viendo las piezas y armas del traje de un caballero.
EL MORRIÓN Y LA CELADA:

Preparándose para su primera salida Don Quijote toma las armas que habían sido de sus bisabuelos:

"limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; más a esto suplió su industria, porque con cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión hacían la apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó la espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, pro asegurarse de este peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por dentro, de tal manera que él quedó satisfecho de su fortaleza".

Es necesario saber que el morrión simple cubría la cabeza, pero no la cara ni el cuello, y que la celada estaba provista de babera y visera para proteger el rostro.

Celada: armadura de la cabeza que encubría la cabeza y el rostro; las que dejan descubierta la cara llaman celadas borgoñonas.

Babera: la armadura del rostro de la nariz abaxo que cubre boca y quijadas.

Visera: un género de celada que se levanta y se cierra, desando tan solamente una abertura por donde pueda pasar la vista.

La celada de Don Quijote no tenía en la base la pieza ancha y circular para encajarla en la coraza, ni una muesca para encajarla en la gola. Cuando Don Quijote toma en sus manos la bacía del barbero, convencido de que era el yelmo de Mambrino, echa de menos el encaje, la babera y la visera:

"se la puso luego en la cabeza, rodeándola a una parte y a otra, buscando el encaje; y como no se lo hallaba dijo:

- Sin duda el pagano a cuya medida se forjó primero esta hermosa celada, debía tener grandísima cabeza; y lo peor de ello es que le falta la mitad".

Don Quijote sólo pudo añadir al morrión simple una visera. La media celada resultante de los añadidos de cartón le tapaba el rostro parcialmente, luego no tenía babera. Esto se deduce del mismo relato, después de que los mercaderes toledanos le dejaran maltrecho en el suelo, es asistido por un labrador vecino suyo que por allí pasaba:

"y quitándole la visera, que ya estaba hecha pedazos, de los palos, le limpió el rostro, que le tenía cubierto de polvo, y apenas le hubo limpiado, cuando le reconoció"

si con quitarle la visera su vecino pudo limpiarle el rostro, es que no llevaba babera.

Cuando, antes de ocurrirle este percance, Don Quijote llega la venta, la visera de cartón podía subirse y bajarse malamente. Así resulta el encuentro entre Don Quijote y las mozas que se asustan de su extraña figura:

"y así, con extraño contento llegó a la venta y á las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo se iban á entrar en la venta; pero Don Quijote, coligiendo por su huída su miedo, alzándose la visera de papelón y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada les dijo:

- non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno; ca á la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle á ninguno, cuanto más á tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran. Mirábanle las mozas, y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la mala visera le encubría".

Cuando Don Quijote se dispone a comer el bacalao con pan negro el defectuoso funcionamiento de esta visera se pone en manifiesto:

"pero era materia de grande risa verle comer, porque como tenía puesta la celada, y alzada la visera, no podía poner nada en su boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y ansí, una de aquellas señoras servía de este menester. Mas al darle de beber no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y puesto el un cabo en la boca, por el otro iba echando el vino; y todo esto lo recebía en paciencia a trueco de no romper las cintas de la celada".

Este pasaje descubre que Don Quijote se sujetaba con cintas los añadidos de cartón, a estas cintas se alude cuando las mozas le quitan el arnés:

"las cuales, auque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle al gola ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes, y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera, y así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la mas extraña y graciosa figura que se pudiera pensar".

El morrión de Don Quijote debía de tener forma de casco redondeado, y se sujetaría por medio de un barbuquejo de cuero. El reborde que tenía el casco en su borde iría bordeando tan sólo la mitad posterior del mismo, pues era el único en el que se podría haber acoplado la visera de cartón.

Cuando Don Quijote se prepara para su segunda salida "pertrechó su rota celada lo mejor que pudo", y con ella sigue hasta que la sustituye por la bacía de barbero que su fantasía convirtió en el yelmo de Mambrino. Seguramente la bacía se la sujetaría con el barbuquejo.

Cuando hace los preparativos para su tercera salida, escarmentado de lo mal que había llevado protegida la cabeza anteriormente, puso empeño en encontrar una verdadera celada de encaje:

"con parecer y beneplácito del gran Carrasco, que por entonces era su oráculo, se ordenó que de allí a tres días fuese su partida; en los cuales habría lugar de aderezar lo necesario para el viaje, y de buscar una celada de encaje, que en todas las maneras dijo Don Quijote que la había de llevar. Ofreciósela Sansón, porque sabía que se la negaría un amigo suyo que la tenía, puesto que estaba más oscura por el orín y el moho que la clara y limpia por el terso acero".

Por Ana Alvarez
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Dentro de El quijote y la indumentaria en el siglo XVI