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Armas y Letras

Entre soldados y hombres de letras existían grandes diferencias al vestir. Un repaso a las prendas de ambos.
Un capítulo entero del Quijote está dedicado al discurso de nuestro protagonista sobre la oposición entre las armas y las letras, entendiéndose por armas y letras entonces la profesión militar y los estudios jurídicos. Ambas actividades completamente diferentes, al igual que las vestiduras con las que se desempeñaban.

Los hombres de letras solían vestir de manera austera, dando a conocer con ello su condición mientras que los que servían en ejércitos no llevaban uniforme ni un vestuario exclusivo, pero si que buscaban diferenciarse y distinguirse por medio de colores llamativos, ricas galas y gran cantidad de plumas.

LOS HOMBRES DE ARMAS:

Para Don Quijote, el ejercicio de las armas era sin duda el más honroso y digno.

"quítenme de delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas"
los hombres de armas aparecen en algunas de las aventuras de Don Quijote. Estando en poder del bandolero Roque Guinart, encuentra a dos capitanes de infantería apresados por los bandidos. Y en Barcelona, el caballero presencia una escaramuza en la que participan numerosos soldados.

LAS GALAS DEL SOLDADO:

Hasta tiempos recientes, el traje militar realzaba la apostura y galanura recurriendo a elementos vistosos y ricos en colorido. Expresaba el valor que la sociedad daba al guerrero, al que ofrecían concesiones especiales a la hora de vestir que, para otros, estaban prohibidas.

Las galas de soldado, además de ser un buen cebo para reclutar hombres a la milicia; eran eficaces también para seducir y enamorar. Un cabrero cuenta en el Quijote como la bella Leandra se enamora del "oropel de los vistosos trajes de un soldado":

"En esta sazón vino a nuestro pueblo un Vicente la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar; el cual Vicente venía de las Italias y de otras diversas partes, de ser soldado. Llevóle de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó a pasar, y volvió del mozo de allí a otros doce, vestido a la soldadesca, pintado con mil colores, lleno de mil dijes de cristal y sutiles cadenas de acero. Hoy se ponía una gala y mañana otra; pero todas sutiles, pintadas, de poco peso y menos tomo".

Por Ana Alvarez
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Dentro de El quijote y la indumentaria en el siglo XVI
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