En primer lugar la paciente disfruta de una técnica de relajación por medio de distintas respiraciones y aromas que le transportarán a un clima de absoluta calma.
Después, la esteticista limpia el rostro para eliminar todas las impurezas con leche limpiadora de efecto calmante y descongestivo. Los restos del producto se retiran con toallas calientes que generan un completo bienestar, y a continuación se tonifica el rostro para remineralizar, hidratar, calmar, refrescar y regular el Ph de la piel.
Tras el tónico se exfolia la piel, eliminando las células muertas, toxinas e impurezas que hacen que nuestra piel aparezca opaca sin luminosidad. La exfoliación ayuda también a la penetración de los posteriores productos del tratamiento.
Una vez exfoliada la piel, se aplica una mascarilla de extracto de cobre que actúa como antioxidante para proteger la piel de los radicales libres, activando la mesalina y actuando al mismo tiempo como anti-inflamatoria para las pieles más sensibles. La piel recobra un tono natural y luminoso, preparando la epidermis para la exposición solar.
Tras la mascarilla, se aplica un hielo termal para potenciar la juventud del rostro, definiendo el óvalo facial, cuello y rictus. Este hielo termal es lo último en tratamiento para las arrugas, potenciando la oxigenación y la asimilación de los principios activos del cobre.
Por último, se aplica una emulsión de cobre con factor de protección que activa y ordena la tasa de melanina previniendo la piel de los rayos solares.
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